Insomnio
A Stefania Mosca
Una tarde de montaña en nuestra infancia, se nos habló de los duendes, los que aún nuestro alado insomnio anda buscando entre la albada. El insomnio, el que rechina en el fulgor de nuestros sueños, el que aprieta, oprime, ordena, nos acusa, nos reta, nos grita, nos reclama. El mismo que nos llevó a decretar la vigilia permanente hasta que al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entremos en espléndidas ciudades. La visión permanente de la noche para escudriñarle sus secretos. Insomnio en todo el territorio nacional culto, intelectual o no; urbano, campesino, rural o burocrático. Meditación general sobre nuestras cosas, verdades, engaños, enconos, descontentos, desencantos, dolos y mentiras. Su resurrección en nuestros actos y nuestros orgasmos creadores, no creadores o procreadores. Insomnio para verle las rosas pestañas a la aurora, en adelante nuestra primera camarada. Insomnio para dar con el arma errante de Cantayumare, la que ha de acompañarnos en la lucha de este tiempo sin nombre todavía. Insomnio para que nazcan flores y llevemos a pasear las mariposas. Insomnio para los impotentes que no saben que el coito mayor se hace con el alma como los ouroboros cuando se desguazan. Insomnio porque hay mucho que mirar mientras nazca la paz entre los hombres. Para irnos con la luna a buscar los duendes de la aldea. Desde esta atalaya enrojecida, para seguirle el paso a las batallas y emprender las que hagan falta. Insomnio cargado de neblina, siempreviva, amor ardiente con las aguas del Torbes y del Quinimarí; del Albarregas, Cabriales, Orinoco o Caroní; Guanda, Plata o Tuira. Unas para espantar al diablo; otras para enamorar las rosas que aparezcan detrás de los caminos. Insomnio quisqueyano, nicaragüense, andino. Oriental, cubano. Central, mundial, argentino. Peruano, maracucho o mejicano. Insomnio para el llano que vigila. Para el infortunio de Caracas que no sabe que tiene un noctámbulo ángel en sus calles. Insomnio hecho en Venezuela al lado del Caribe, pensando en América, la Patria. Con la gracia imponente de recias madrugadas. Insomnio nada más hasta el último aliento de la vida. No dar descanso a las pestañas hasta dar con la unidad de nuestro pueblo en el que ha de renacer la Poesía que irá con nuestras firmas y nuestra propia sangre corriendo por Cantaura, por Yumare, El Amparo. Guantánamo, Chiapas, Santa Cruz o Valle Grande. Insomnio, apuntala nuestros días, sepulta nuestros odios, enrumba nuestra paz, nuestras armas cargadas de alborada. Definitivamente, insomnio, insomnio, insomnio, insomnio, insomnio. Luz, luz, luz, fuera de la luz la muerte. Tras un amanecer que al fin alumbre un día con la noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbra. Insomnio, insomnio, insomnio hasta la muerte. Luz, luz, luz, fuera de la luz la muerte. ¡Insomnio para el hombre de este tiempo! ¡Volvamos cada día a nuestro insomnio!
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